Hoy quiero reivindicar: el salario mínimo vital, el derecho a lo público, el ocio y más ocio.
Y también desprestigio todas las meritocracias y las ideologías del esfuerzo, los lemas simplones como "el que quiere puede" y los sueños capitalistas americanos en los que lo importante es ser la excepción en un mundo de explotados, en lugar de soñar con la liberación de todes.
Recuerdo esta joya de Jesús G. Maestro (personaje polémico y, la mayoría de las veces, insufrible, todo sea dicho): "Ninguna persona en su sano juicio se dedica a trabajar. O sea, el trabajo solo se puede ejercer en determinadas condiciones de autoengaño en virtud de las cuales uno vende su vida a cambio de dinero. (...) El elogio del trabajo es el elogio de la esclavitud humana. Los únicos que pueden permitirse vivir sin trabajar son los ricos. (...) Si el trabajo es bueno para la salud, que trabajen los enfermos."